Dos frases, y para
El instinto de explicar es el error más común en una ventanilla consular y es bienintencionado. Cada inciso de más es algo nuevo por lo que preguntar, y una respuesta más larga se lee como menos segura, no como más completa.
Dos frases. Si quieren más, te lo pedirán. No es un truco: es como está montada de verdad una entrevista de cinco minutos con cuarenta personas detrás.
La misma respuesta, dos veces
Las preguntas vuelven con otra forma, y lo que se comprueba es la coherencia. La fecha, la dirección, el importe: preguntados una vez al principio y otra más tarde.
Así que usa cifras exactas las dos veces, o redondea las dos veces, pero no una de cada. La incoherencia que produce la gente casi nunca es deshonestidad: es haber redondeado la primera vez y ser preciso la segunda.
Quién paga
Se pregunta directamente, y dudar aquí es el motivo más común de que una entrevista se alargue. Ten claro de quién es la cuenta, ten clara la cifra y sé capaz de decir las dos sin ponerte a calcular.
Es de esas cosas que son obvias en la mesa de tu cocina y se evaporan en una ventanilla, que es una buena descripción de todo este escenario.
Vínculos, no intenciones
La pregunta rara vez es qué piensas hacer. Es a qué vuelves, y la respuesta es un hecho y no una promesa: un trabajo, un alquiler, una familia, un curso que se reanuda.
Robert Kessler lleva tres versiones —turista, trabajo y estudiante— de cinco minutos cada una, y la de turista es gratis. No te va a decir si te darían el visado, y tiene instrucciones de ni intentarlo.
