Decide antes tus tres preguntas
Antes del turno, no durante. Dónde están las cosas, cuál es la rutina y a quién preguntar cuando él no esté. Tres, porque es lo que cabe en la ventana que de verdad tienes.
Todo lo demás se puede deducir. Esas tres no, y el coste de no preguntarlas es quedarte delante de una caja que no sabes abrir con un cliente esperando.
Repítelo en voz alta
«Entonces el registro de la nevera, cada dos horas, en la libreta de la puerta.» Diez segundos, y es la diferencia entre que te lo hayan dicho y saberlo.
Además le da la oportunidad de corregir la versión que tienes en la cabeza mientras sigue ahí, que es el único momento en que esa corrección sale barata.
Decir que no lo has seguido
En un primer turno parece una confesión que no te puedes permitir. Es justo al revés: el error que se nota es el que cometiste por adivinar, no la pregunta que hiciste en los primeros diez minutos.
«Perdona, ¿qué botón, este?» es lo bastante corto para decirlo con algo en las manos, que es el único tipo de pregunta que sobrevive a un turno real.
Y luego pide un cambio de turno
Una conversación aparte y mucho más difícil, y que la mayoría evita durante meses. Tiene su propio escenario con el mismo encargado.
Frank Delgado es presión cálida: no intenta pillarte, simplemente está ocupado, que es la versión de dificultad que de verdad ocurre. La sesión es gratis y dura ocho minutos.
